La canción arranca con un matrimonio que tiene un problema de bandeja de entrada: el número de su esposa está por encima de los nueve mil, lo que los fans de Dragon Ball reconocerán como
el único número que esta franquicia respeta. De ahí, el disco lanza a su hombre solo al ruedo, y la producción de R&B suave interpreta cada humillación con total seriedad. Ese contraste es el motor. El groove se mantiene aterciopelado mientras los matches se evaporan, y la canción nunca te ruega que sientas lástima por nadie. Deja que las matemáticas lo hagan.
El nivel de poder no importa
La frase más filosa del tema es la tesis: no les importa el poder, solo les importa la estatura. Cada desastre que viene después, y la parte central de esta canción es una economía de catfish operando a plena capacidad, surge de ese único error de valoración. Las apps no tienen una casilla para el humano más fuerte con vida. Tienen un control deslizante.
La berserker desliza a la derecha
Y entonces la canción hace lo que la convierte en un tema para guardar en vez de sumarse a la burla: gana.
Kale, la
saiyajin del Universo 6 cuya timidez callada esconde a una berserker de verdad, resulta que los prefiere bajitos, y el disco pasa del lamento a la vuelta triunfal sin cambiar el tempo. Este termina con los short kings arriba.
Krillin's on the Tinder entra como una historia de terror de las apps de citas y sale habiendo demostrado que el filtro está equivocado de la única forma que cuenta: encontrando a la única persona que nunca lo usó.